Me sorprendió ver aparecer de la nada a Everett para pedirle amablemente a ese rubio sopla gaitas que desapareciera. No sabría decir si me sorprendió más que me besara sin venir a cuento, aunque se decía que lo que hacía D.J no tenía por que tener sentido.
La excursión al sofá fue corta pero intensa. Entre tanto tugurio, era curioso como muchas miradas terminaban posadas en nosotros, el sector femenino en él y el masculino en mi –mayormente-. Por mi parte podía seguir como nada gracias a las muchas copas que había tomado. De no ser así, tal vez habría terminado escondida bajo el sofá para alejar esos ojos de mi.
Cuando no tuvimos suficiente con los besos, pasamos a deslizar las manos por dentro de la camiseta del otro, y antes de que la cosa fuera a más, D.J decidió cambiar de lugar.

------

Casi tuvo que cogerme en brazos para que subiera las escaleras, no porque fuera tan borracha que no pudiera subirlas, sino por el hecho de que estábamos en una casa ajena y no podíamos ir a una habitación como si nada. Por desgracia, él era más alto, más corpulento y seguramente más tozudo que yo, y a los dos tirones ya estaba delante de la primera habitación que vio.

- ¡No está bien…!- intenté hacerme oír por encima de la música.
- Si yo te dijera lo que no está bien…

Entró sin dejarme de la mano, cerró por dentro y me puso entre su cuerpo y la puerta. Entrecerré los ojos cuando me volvió a besar; parecía menos borracho que antes y más cabreado, y lo cierto era que desconocía el por que, aunque tampoco tenía tiempo o ganas de darle vueltas al asunto. Si él había conseguido bajar su grado de embriaguez, le felicitaba, porque yo no, por mucho empeño que le pusiera –que tampoco era mucho-.
Deslizó una mano hasta colocarla donde la espalda pierde su nombre. Aproveché ese movimiento para apartarme de la puerta y agarrarme a su camisa.
Nuestro recorrido hasta llegar a la cama fue como en una típica película americana en la que la pareja principal retozan felizmente hasta su lecho de amor, ella cogida de él, y él con una mano en el culo de su pareja y la otra en la nuca de la misma. Antes de llegar, tiré de su camiseta hacia arriba, dejando que el terminase de sacársela. Sin agacharme, me saqué las bambas, mientras con una mano me abría la cremallera de la falda para que cayese por su propio peso –haciendo de modelo se aprende mucho a la hora de desnudarse.-. Por su parte, con un simple tirón me deshizo el nudo de la corbata, dejándome libre para sacarme la camisa mientras él hacia lo propio con los pantalones. La armonía se rompió cuando, o bien por voluntad propia o bien porque no le había bajado tanto como creía el alcohol, tropezó con su calzado, dejado de cualquier manera en el suelo, y cayó en la cama. No pude evitar reírme con la camiseta a medio sacar. Tan solo oí un “ouch” por su parte.

Me cogió de la mano y tiró hacia él, rodeándome la cintura con una mano y echándose hacia atrás. Sentía su piel tersa en contacto con mi estómago, veía sus ojos verdes entrecerrados acercarse, acercarse, desaparecer de mi campo visual y notar sus labios en mi cuello.
La habitación no estaba muy lejos de la pista de baile, y aun nos llegaba la música. Habían vuelto a la carga con David Guetta, esta vez con ”Baby When The Light. La había oído mil veces en fiestas, sesiones fotográficas o en la radio, pero esa vez sonaba mejor que nunca.

Baby when the lights go out
I hear you calling
Baby when the lights go out
I need you

Intenté tararear el último “I need you”, pero los ojos de D.J volvieron a aparecer, y esa vez, sus besos volvieron a mis labios.

Cele [18.8.07]





Todo iba a la perfección.
Me miré en el espejo, satisfecha por el buen gusto que tuve a la hora de elegir vestido.

- ¡Impresionante, Stella! –no cesaba de repetir Delia. Virginie seguía investigando su aparatoso armario, buscando el que le sentase mejor.
- Gracias a ti, Delia. –sonreí, agradeciendo su ayuda.

Delia se había pasado toda la mañana ayudándome a escoger trapito, complementos, y hasta me alisó el pelo. ¿El resultado? Vestido rojo, ceñido de cintura pero con unos sencillos volantes como acabado. Corto, y sin tirantes. Pelo suelto y liso, y con unos pendientes grandes y plateados. Zapatos rojos, a conjunto con el vestido. Me seguí contemplando abrumada en el espejo, aunque se me desvió la mirada hacia Delia. No iba menos elegante; llevaba un vestido plateado, muy largo, que le resaltaba sus formas.

Una vez acabé de maquillarme, seguí mirando cómo Virgie pasaba apuros para dar con su vestido perfecto. Y era un auténtico problema para ella, porque vestido que se ponía, vestido que le quedaba divino (¿¡cómo se lo hace!?), y ni Delia ni yo podíamos evitar decir un estás estupenda a cada vestido probado. Hasta que finalmente encontró en su armario un vestido negro de tirantes, que le llegaba hasta la rodilla. Llevaba una flor decorando su escote. La italiana y yo nos quedamos boquiabiertas. Virginie supo enseguida que ése iba a ser su vestido ideal para esa noche.

- ¡Estás preciosa, te queda genial! –dijimos, a la vez.

Virginie siguió mirándose en el espejo, haciendo una pose tras otra. Sonrió, muy convencida.
Llegamos las tres a Belleville, y no tardamos mucho en ser el centro de todas las miradas. Sonreíamos y saludábamos a todo el mundo, y Virgie fue a saludar a Sharon, no sin antes desprenderse de Dustin.
Delia y yo nos fuimos a bailar un rato, y al cabo de un rato, Virgie se nos unió. La noche es joven. Seguíamos bailando al son de la música, y mientras tanto, hablábamos sobre los vestidos que llevaban los presentes, prestando especial atención al de Úrsula. “¿Qué os esperábais?”, dije sin rodeos.

***

Delia y yo seguíamos bailando (Virginie había marchado, tal vez huyendo otra vez de Dustin)... hasta que me percaté de que faltaba algo. Alguien. ¿Dónde estaba Sean?

- Despierta, Stella. –me interrumpió Delia, dándome unos golpecitos en la espalda. - ¡Despierta y mira! –exclamó, señalando una de las botellas.
- ¿Eh? –si la intención de Delia era despertarme, pues lo consiguió.
- ¡Denominación de origen, de la República Checa! –se quedó contemplando la dichosa botella, maravillada.
- 70º de alcohol… bueno, supongo que un poco no hará daño a nadie…

No, un poco no hace daño. Pero otro poco, y luego otro poco más… o soy una exagerada, o “alcohol” y “Stella” no son compatibles. Y “alcohol”, “Stella” y “muchedumbre” todavía menos.

- D-Delia… saldré un rato afuera, que me encuentro mal…
- ¿Quieres que te acompañe? –dijo ella. ¡Tan tranquila…!
- N-no, tranquila… tú disfruta…

Me fui a tomar el aire, pero se podría decir que no fui a tomar aire ni en el momento adecuado, ni en el sitio adecuado. Ahí estaban. Virginie y Sean. Sean y Virginie. Hablando como si nada. ¿Pero qué mosca le había picado a Virgie…? ¿No le caía tan mal Sean?

Estuve intentando pensar qué debería hacer, pero mi evidente dolor de cabeza me lo impedía. No sabía si pararles antes de que llegaran a “algo más”, o acercarme a ellos de la manera más amigable posible, o soltarle un “TRAI-DO-RA” a Virginie en sus narices, o…
Me quedé a la expectativa, a ver qué pasaba. Lo dicho, la noche es joven.

=OUT=
Stella ha vuelto a volver~ (?) Post algo corto, I know, además de no ser gran cosa *sigh*
Este es el vestido que lleva Stella en la fiesta. Y viendo que Delia se ha quedado sin señora, me he cogido el privilegio de elegirle yo el vestido, espero que no moleste; sino, lo cambio i tal. Aquí la tenéis, junto a Mischa Barton. *///*
Cualquier cosa, lo cambio y eso :*

Annie




Vaya, vaya, vaya. Resulta que hasta las mosquitas muertas como Julie Arquette saben divertirse de vez en cuando. Su gesto de arrebatarme la botella (vodka negro Eristoff, 20º) me sorprende a la vez que me encanta. Puede que acabe cayendo, después de todo.

Bueno, ¿acaso lo dudabais?

La fiesta ha llegado a ese punto en el que todos tienen tanto volumen de alcohol en sangre que no les importa con quién compartan cama esa noche, con tal de follarse a alguien. Por un lado, la yonki de pelo corto, apoyada de mala manera en Borlini, sube las escaleras en dirección a una de las habitaciones que hay en el piso superior (acabarán mal, creedme). De Ursula y Zoe hace tiempo que no se tienen noticias (¡¿qué estarán haciendo esas dos?!), y D. J. anda retozando felizmente en algún sofá con Rhea, la emo de 1º A.

Por otra parte, hace un rato ya que no veo a Sean (aunque tampoco es que vea gran cosa), pero me pareció que desaparecía en compañía de Virgie Lemmens… Y parecía tonto, el cabrón.

La que más me preocupa es Sharon, que al fin y al cabo es la anfitriona de la fiesta. Hace como diez minutos (cuando salí de la casa para buscar a Julie… o a quien fuera) estaba en compañía de uno de 2º, pero quién sabe dónde o con quién estará ahora…

Un par de copas después, parece que a Julie empieza a afectarle el alcohol, aunque todavía no balbucea ni parece irse de cabeza al suelo.

- No bebes normalmente, ¿no? -… jeh, me siento orgulloso de ser quien la inicia en los misterios del alcohol.-

Me dedica una mirada por encima de su nueva copa, aún intacta. Una mirada de la que no puedo sacar nada en claro, y por lo visto esa es toda su respuesta.

Sólo se me ocurre responderle con otra mirada de esas. Su cara empieza a difuminarse a los dos segundos de mirarla, pero hago lo posible por no desviar la vista. Me tambaleo y la única cosa firme a la que puedo agarrarme es ella.

Observa alzando una ceja la mano (mía, por cierto) que se acaba de aposentar con toda naturalidad sobre su hombro para evitar caerme al suelo, pero no dice nada. Me esperaba un comentario mordaz o algo así, pero en su lugar aparece una sonrisa tipo Profident.

- Casi me caigo.
- Ya lo veo. -¿esto es un concurso de obviedades y no me he enterado?-

Con la mano libre, rebusco en la mesa que hay a su espalda y consigo encontrar una botella medianamente llena (es decir, a la mitad). Sin fijarme en qué es exactamente, rodeo los hombros de Julie y la arrastro hasta uno de los sofás que hay por aquí cerca.

Del vodka negro sólo queda para un vaso más, que decido regalarle. La botella recién adquirida es de whisky… Perfecto.

Hugh





- ¡D. J., baja de ahí! –la emogirl rompe a reír mientras tira de mi brazo, intentando (en vano) bajarme de la mesa. Pero, ¿cómo coño voy a volver a ese aburrido y seguramente inestable suelo, cuando suena esta canción? Love don’t let me go, de David Guetta. Quien preparó los CDs para la fiesta (Ursula probablemente) tiene buen oído para las canciones bailables, todo hay que decirlo.-
- ¿Y por qué no subes tú? –le digo, teniendo que repetir la pregunta un par de veces para que me oiga por encima de la música, el griterío, el ruido de las copas entrechocando y el barullo en general.- ¡Es divertido!

Me mira como si me hubiera vuelto loco, y sacude la cabeza. O algo así, porque en el intento tropieza consigo misma y se tambalea. Consigue recuperar el equilibrio algo penosamente y vuelve a clavar sus ojos pitañosos en mí.

- ¡Baja de ahí, por favor! –me implora, volviendo a agarrarme de la mano con la esperanza de que me caiga por mí mismo. No, de momento no voy tan mal.-
- Si me traes una botella de vodka.

Me dedica una mirada desesperada.

- ¡Sabes de sobra que no hay ni una puta botella entera a estas alturas!

Me encojo de hombros.

- Pues a mí no me importa quedarme aquí arriba el resto de la fiesta.

La oigo suspirar y renegar por lo bajo, y luego se encoge de hombros. Con un “Vale, pero no te muevas de ahí” se va en busca de mi petición.

You got me dancin’ and cryin’
Rollin’ and flyin’

Love don’t let me gooooooo


Acompaño ese interminable goooo con un movimiento de cabeza que tiene la virtud de descolocar mi precioso peinado, y busco a Rhea con la mirada. La diviso unas mesas más allá, comunicándose a gritos con un rubio con pinta de pervertido que la mira de arriba abajo. Por cómo gesticula, se diría que está enfadada.

Y entonces, otro rubio llama mi atención. Sean, alejándose en compañía de alguien que no distingo muy bien quién es. Sólo sé que tiene una larga melena rubia y lleva un vestido negro… y eso me hace pensar en quién puede ser.

Maldito cabrón. Esta no se la paso. ¡Será hijoputa! ¡No será capaz de tirarse a la pija Lemmens!

Vale, pues por cómo sonríen ambos parece ser que eso es lo que van a hacer. Le lanzo una mirada envenenada que no puede ver y bajo yo mismo de encima de la mesa. Por mis propios medios.

Comienzo a dirigirme, tambaleante, chocándome con todos esos borrachos que ni se tienen en pie que hay a mi alrededor, hacia el lugar donde vi a Rhea por última vez. Y allí sigue, discutiendo con el perverubio, cuya mano está avanzando peligrosamente hacia ella.

- Quítale. Las. Manos. De. Encima. –digo separando cuidadosamente cada palabra para añadir un tinte de amenaza.-

En estos momentos me vendría bien la presencia del rapado y su semiautomática, pero creo que anda por ahí arriba con … Por cierto, ¿qué estarán haciendo esos dos…? Mejor ni pensarlo.

El tío se esfuma, no sin antes echarme una mirada en plan “¿De qué vas?”. Rhea me observa como sorprendida de encontrarme en el plano mortal, y luego extiende los brazos.

- No pude encontrar ninguna botella de vodka.
- No importa.

De un paso me planto justo frente a ella, si es que se puede decir eso de una persona a quien sacas más de una cabeza. Dedicando un último vistazo furioso hacia la puerta por la que desaparecieron mi ex-mejor amigo y mi ex-polvo pijo, rodeo su menudo cuerpo con mis brazos y le entro directamente. Sin más preámbulos.

Parece algo sorprendida, pero por lo menos no se aparta. Cierra los ojos (buena señal) y corresponde al beso, primero con lentitud, luego abandona toda precaución.

Mi sugerencia de ir a tirarnos a un sofá es bien recibida.


=OUT=
Seh, dado que no tengo invitación esta era la última opción que me quedaba para postear con D. J... xDD
Btw, no me diréis que no mola el avatar *squee*

Hugh [7.8.07]





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